De Primaveras Mexicanas. Por Francisco Ibarra

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Estimados lectores: el día de ayer recibí el siguiente mensaje de parte de una persona que respeto y admiro intelectualmente como a pocas. Francisco Ibarra es un ciudadano hidrocálido y buen amigo al que tuve el gusto de conocer durante mis estudios de maestría. Sus breves líneas compartidas bajo el título de “De Primaveras Mexicanas” son testimonio de un proceso mental equilibrado, razonado y fundamentado. Espero disfruten su lectura como yo lo hice. Paco, un abrazo hermano.

De Primaveras Mexicanas, por Francisco Ibarra

 Hace un par de días, leí en el muro de Facebook de un amigo un mensaje que decía: “¿Será este el inicio de la primavera mexicana?” Comparaba, con ese breve texto, el movimiento social que dio fin a casi 30 años de presidencia de Hosni Mubarak en Egipto, con las marchas en contra de Peña Nieto, que ocurrieron en México el fin de semana. No milito en partido político alguno y tengo excelentes amigos en todos ellos y, desde esa libertad, me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el tema.

 En primer lugar, la participación ciudadana debe celebrarse. La asistencia a marchas y protestas de cualquier índole es un derecho que habla muy bien de nuestra perfectible pero funcional democracia.

Quienes opinan en contrario han sido acallados por los cuatro candidatos (sí, los cuatro) que rápidamente hicieron público su compromiso con la libre expresión de las ideas. México requiere de una ciudadanía más activa y participativa y, por ello, debemos aplaudir manifestaciones como la de los estudiantes de la Ibero.

 En segundo término, y sobre la forzada comparación entre lo ocurrido en Egipto y lo que ha pasado en tierra Azteca, quisiera preguntarles:

en un país donde podemos protestar de cuanta cosa nos venga en gana, contamos con elecciones libres, existe un congreso que se opone fuertemente al ejecutivo, hay gobernadores de todos los colores y la competencia electoral es sumamente intensa, ¿podemos igualar el movimiento que marcha para mostrar su desprecio a Peña con el de la “primavera árabe”, donde los ciudadanos no tuvieron otra opción que tomar las calles para derrocar al tirano? Me parece evidente que la respuesta es negativa y, por tanto, habrá que tomar estas marchas como lo que son: una expresión política más, dentro de las muchas que hay y habrá en un país tan plural como el nuestro.

 Un tercer punto que debemos analizar es cómo el candidato de las izquierdas, AMLO, ha buscado – hábilmente, por cierto – apropiarse de las marchas estudiantiles. ¿Por qué si aparentemente en las encuestas (GEA-ISA) no le ha dado resultados?

 Como contexto recordemos que en 2006, al perder la elección, López convocó a una movilización social para (1) tomar el Congreso de la Unión, (2) mandar al diablo a las instituciones electorales, (3) impedir que Felipe Calderón tomara posesión como presidente y (4) cerrar Paseo de la Reforma por un largo tiempo. Desde mi punto de vista, este astuto político está preparando terreno para algo muy similar. Ante una victoria de Peña, su discurso será que los de arriba lo impusieron porque, aunque haya obtenido mayoría relativa, el pueblo votó engañado por los medios de comunicación. Si Peña gana por menos del 50%, significaría entonces que la mayoría de los mexicanos no lo quiere y habría que convocar a los estudiantes a tomar las calles para impedir que juramente. ¿Democracia? No mientras esté controlada por Televisa, nos dirán, como si estuviéramos imposibilitados a decidir.

¿Suena descabellado? No creo. Mediante una serie de medidas legales, el PRD busca impedir en el IFE el conteo rápido con lo que se retrasaría considerablemente la declaración de un ganador. Algo preparan y, ya hemos visto, son muy buenos en ello.

 En fin, que ellos hagan su lucha que nosotros haremos la nuestra. Yo me siento mayor de edad y si voto por tal o cuál candidato no lo haré porque Televisa, TV Azteca, La Jornada, Carmen Aristegui, Reforma o Proceso lo promuevan, sino por convencimiento propio. Ante las declaraciones de algunos, los invito a separar la aplaudible expresión ciudadana de la reprochable manipulación política. Insisto en que debemos debatir, opinar y contrastar ideas pero, sobre todo, y ante los últimos acontecimientos, recordar que en democracia, la mayor marcha, la más efectiva manifestación y la más sonora protesta es la que se hace en las urnas, no en las calles. Respetemos pues, lo que la mayoría decida.

 Paco Ibarra

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