Después del temblor…

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Después de afortunadamente tener contacto o seña a través de terceros que mis familiares y amigos en las zonas afectadas por el temblor del 19 de septiembre están bien, después de reunir ropa, material médico y víveres y llevarlos a un centro de acopio, después de ayudar a una persona sin celular a tratar de contactar a su hermana, después de donar lo que puedo a los Topos y a la Cruz Roja, el sentimiento de frustración y vacío permanece.
 
Ese sentimiento de desamparo, de ineptitud al no poder hacer más por tantas hermanas y hermanos que están pasando por esta pesadilla y sufrimiento, no lo comparto para recibir palmadas de espalda ni felicitaciones por tener sentido humano y solidaridad. Lo comparto porque me doy cuenta que así nos estamos sintiendo MUCHOS que quisiéramos estar más cerca y ayudar directamente. Y es porque es en los momentos más difíciles que dejamos atrás nuestras diferencias y aflora lo mejor de cada uno de nosotros.
 
Se los digo con mucho amor, ESO que estamos sintiendo, es importante. Es importante ahorita porque se vuelve un motor de acción que nos permite brincar de los Likes a verdaderas decisiones y verdaderos compromisos que generan cambios reales. Genera donativos, hace que los camiones salgan de los centros de acopio y nos conecta en una mano cadena virtual hasta las zonas del desastre.
 
Es importante porque si bien este sentimiento no remueve los escombros ni encuentra víctimas, alienta a nuestros hermanos mexicanos que sí están ahí y les da un poco más de empuje para seguir haciendo lo imposible por rescatar a más mexicanos. Son increíbles y verdaderamente admirables.
 
Es importante porque desde los distintos rincones del mundo en que nos encontramos, le grita a nuestros connacionales que no están y no los vamos a dejar solos.
 
Y es importante porque estoy seguro que en un futuro muy cercano habremos librado esta tragedia y las cosas volverán a cierto grado de “normalidad”… y será importante RECORDAR que así como lo hicimos en 1985 y lo hacemos ahora, está dentro de cada uno de nosotros la capacidad de hermanarnos y trabajar juntos para salir adelante como país y comunidad. México será GRANDÍSIMO cuando no tengamos que tener una tragedia encima de nosotros para tendernos la mano uno a otro.
 
Abrazo a todos,
 
Arjan Shahani
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Ya basta de gallos en México, aquí no hay gallinas

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En las noticias leo una declaración del rector de la Universidad Madero (UMAD), Job César Romero, en la que señala como causa de las desapariciones de mujeres “las libertades que las chicas tienen.” Añade que la “autonomía para viajar en su carro o en otros medios” las vuelve presas y víctimas de crímenes como la violación y/o feminicidio.

Y aunque asombra la forma de pensar del rector, asombra más ver en la sección de comentarios de la nota cómo se detona un fuerte debate entre quienes coinciden con el punto de vista del Sr. Romero y quienes sabemos que cualquier intento de justificar actos viles de esta naturaleza y señalar a las víctimas como responsables, no sólo es insensible hacia ellas sino una franca muestra de genuina estupidez.

En MVS Radio, durante el programa “Dispara, Margot, dispara”, el locutor Sergio Zurita, sin pena ni preocupación por sus palabras, critica la forma de vestir de las mujeres cuando recogen a sus hijos en la escuela y les propina la siguiente recomendación: “Ganen mucho dinero y cómprenles muchos juguetes, pero lleguen a recogerlos decentes, o de menos súbanse los pants, para que no se les vean las teclas operadas.”

Tras la indignación de algunos grupos sociales y los balconeos en prensa, ambos Job César Romero y Sergio Zurita hacen comentarios para disculparse y “aclarar lo que quisieron decir”… y la vida continúa.

A las 9:00 pm del sábado pasado, escucho música a unas cuantas casas de la mía. Paso por el domicilio de donde proviene y me doy cuenta que se trata de lo que hoy en día llaman “una reu” de preadolescentes que aún no tienen edad para legalmente entrar en una discoteca (ahora les llaman antro pero es lo mismo). Entre las canciones del mainstream actual,  de repente escucho el coro “Estoy enamorado de cuatro babies / siempre me dan lo que quiero / Chingan cuando yo les digo / Ninguna me pone pero”. La canción continúa relatando de manera celebratoria la manera en que Maluma sostiene relaciones sexuales con distintas mujeres y no sabe que hacer ya que “todas maman bien”. Los preadolescentes bailan y ríen mientras incómodamente intentan sus primeros “ligues”. Las palabras de la canción no los inmutan.

Aclaro que el mal de la misoginia musical no es exclusivo del reggaetón. La música norteña tiene ejemplos como “Y ahora resulta”, del grupo Voz de Mando, en el que el cantante le reclama a una mujer que “te puse pechos, te puse nalgas y una cintura donde tú tenías llantas / te compré un carro que ni sabes manejar / ahora resulta muñequita ahora resulta / maldita puta, antes de mí tú no eras nada”.

En las bodas bailamos al ritmo de la Sonora Dinamita con su hit “Que Bello”, sin poner atención a una letra en la que una mujer pone de lado su orgullo y le ruega a un hombre diciendo “pero me arrepiento, en el piso o donde sea tómame.”

Cuando Dylan Klebold y Eric Harris perpetuaron la masacre de Columbine en 1999, algunos quisieron apuntar a que “ellos escuchaban a Marylin Manson” como lo que los llevó a matar a trece personas antes de suicidarse. Mi visión no es tan miope y no quiero decir que un par de canciones misóginas son la causa de la crisis de una cultura mexicana que ha interiorizado la cosificación sexual de la mujer, pero su popularidad tan natural sí es síntoma de una situación que amerita cambios drásticos.

En una carne asada cualquiera (sí, soy de Monterrey y las carnes asadas son obligatorias) con mi grupo de amigos que tienen hijos de edades similares a las de los míos, la plática muchas veces se torna a un recuento de vivencias y ocurrencias de nuestros pequeños. Las anécdotas suelen ser graciosas o el esperado pavoneo de papás orgullosos. En una reciente ocasión, uno de los papás mencionó que uno de sus hijos “tiene mucho pegue entre las niñas de la preprimaria” y cerró su comentario con el famoso dicho “cuiden a sus gallinas, que mi gallo anda suelto”. Todos y todas rieron. … y la vida continúa.

En Cholula, Mara Fernanda Castilla de 19 años sale a un bar un jueves por la noche. El resto de la trágica historia ya es conocido… Y lo peor del caso es que Mara Fernanda no es la primera ni será la última.  Pero los comentarios francamente decepcionantes vuelven a emanar… “¿Pues qué estaba haciendo una niña de 19 años en la calle a las 5 de la mañana y seguro borracha? / Ella se lo buscó / ¿Por qué se quedó dormida en un taxi?”, etc. La atención no se centra en el deplorable acto de un ser ruin sino en supuestos “errores” de una joven que optó por solicitar un servicio de transportación que consideraba seguro.

El domingo pasado varias queridas y valientes amigas salieron a marchar en distintas ciudades del país. Su canto de denuncia gritó “Ni una menos” y ellas se hermanaron con cualquier mujer ofreciendo su casa como refugio en caso de necesitarlo en cualquier momento. El mensaje era claro: las mujeres lamentan vivir en un país en que tienen que cuidarse de más.

A las mujeres de México, me encantaría decirles que esa solidaridad de género, ese grito de protesta, esa exigencia de justicia, son suficientes. Aplaudo el esfuerzo por protegerse, pero creo que hay que pegarle más directamente al problema de verdad. El problema de verdad NO ES que ustedes se estén exponiendo o arriesgando. El problema de verdad NO ES y no se resolverá acatando las recomendaciones de vestimenta que les da el Sr. Zurita. Ustedes no son el problema y deberían tener el derecho de salir de noche y de vestir sin temor a ser ultrajadas. Por favor, nunca lo olviden.

El problema de verdad es un cáncer sistémicamente interiorizado en nuestra sociedad. El problema de verdad son todos y cada uno de los estímulos que generamos o permitimos consciente e inconscientemente para normalizar o justificar las acciones de cualquier hombre que se siente con el derecho de violentar la integridad física y psicológica de cualquier mujer, sin considerarlo incorrecto y sin temer consecuencias.

El problema no está en criar a nuestras hijas a saber protegerse mejor. ¡Y vaya que debemos de hacerlo! El problema está en que evidentemente no estamos haciendo lo suficiente para criar a nuestros HIJOS para ser hombres de bien, hombres de verdad. Hombres que no se sienten más hombres si  “siempre les dan lo que ellos quieren” y tienen múltiples mujeres que “chingan cuando ellos les dicen”. Hombres que sepan que las mujeres son sus iguales, que sepan que “boys will be boys” es una pendejada, que entiendan que la cosificación de la mujer no los hace verse “más cool” o como “conquistadores” sino como patéticos cavernícolas. Hombres que cuando estén transportando a una mujer en su carro y ella se queda dormida, ni siquiera puedan considerar la idea de faltarle al respeto de ninguna manera, mucho menos privarla de su libertad, violarla y matarla “porque no me pude contener”. Hombres que sepan que no son animales y no pueden justificar sus acciones por “instinto”. Hombres que por misma integridad no quieran ser malos hombres pero que si lo fueran, tengan pavor a consecuencias que deberán de llegar y aplicarse de manera rigorosa.

Tenemos que cambiar. Tenemos que ser mejores.

Sí, mis hijas sabrán cuidarse y exigir respeto, pero a las mujeres de México y también a los hombres porque creo que este compromiso nos beneficia a TODOS como sociedad, les comparto esta promesa e invito a otros a asumirla:

Dedicaré todas mis capacidades como padre para que mi hijo no sea un “gallo” que acecha y que ello genera razón de orgullo en él, en mí o en sus amigos. Me comprometo a señalar todos y cada uno de los indicios que vea a mi alrededor que fomentan que los niños y los hombres se sientan “gallos”. ¡Ya basta!

Porque si algo que queda más que claro y admiro de ellas, es que ante todo y hoy más que nunca, las mujeres de México no son gallinas.

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Trascend via leadership

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This holds true for any position of leadership, both in professional and personal settings. 

Leaders look to be challenged

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If you surround yourself with “yes-men”, you will never attain the unimaginable and you will never find out what you’re really made of.

A visionary leader looks to be challenged. “My way or the highway” is fine for emergency situations where decisions need to be implemented quickly but in the day to day operations and long-term vision, you’re missing out if you’re so insecure about your own standing that you won’t allow for (or promote) healthy debate. Valued professionals don’t want to follow… they want to co-create and co-achieve. Invite them to.

 

Obedience vs. alignment

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True leaders are able to promote and achieve enthusiastic alignment within their teams. Bad bosses rely on constant demanding of obedience due to their own shortcomings as motivators, communicators, influencers and leaders.

I get called “a good dad” a lot

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Context: I’m a man, a husband and a father living in Monterrey, Mexico.

I get called “a good dad” a lot. Stating this is by no means, an intention of bragging.

HiRes-1024x661I get called a good dad when we’re at an airport, I notice my toddler needs a diaper change and I tell my wife “we’ll be right back, this one needs to go to the bathroom.” I get called a good dad when I take my kids out to breakfast on Sunday so that Mommy can get a much-deserved extra hour of sleep. People call me a good dad when I take my kids to a birthday party and endure the loud screaming, running around and ordinal chaos that occurs in such events. I get called a good dad when I calm my son down after a fall with a scraped knee, when I play tag with my daughters in the park or when I’m able to get them to an afternoon class on time. I get called a good dad by other mothers when I go to parent-teacher conferences at our kids’ school.

Don’t get me wrong, I’m thankful for any recognition I get. I am very conscious of my responsibility and role as a father to try to be the best paternal figure I can be toward my kids. I work on this every day and every way that I can. But consider the following:

  1. My wife does these and many other similar things as a parent to our children. She does them ALL the time and quite frankly, most of the time she does them better than I do (not because of her gender, just due to her personal talents). Does she get called a good mom? Sure… but not nearly as often and not nearly with the level of appraisal and amazement as the “good dad” comments I receive from random people in the street. My wife, as a woman and a mother, is socially EXPECTED to be a good mom. Apparently, being a good mom is considered normalcy, which raises several questions: does society think that good moms are good effortlessly? Do we really think that each and every challenge that drives other people crazy about dealing with kids has zero effect on mothers? If so, without any surgical operations, is there a way to turn me into a mother? Now? Please?

Sarcasm aside, being a mom is damn hard. It’s not something that happens magically or naturally. Even when you factor in your belief of the power “maternal instinct” may have, that only accounts for a mother’s intention to love and protect her children, not her talents to do so effectively.

  1. Apparently, society has very low expectations of what my duties as a father are. If what I am doing generates amazement and reasons for praise, what are average dads doing? Should we be worried about that? Why are we being way too complacent toward fathers? Even if you believe that traditional (old) roles where a mother stays at home and a dad goes to work apply (and trust me, even if you wanted them to, in this economy they don’t), that arrangement should not give men a pass at being fathers. What happened to the women’s liberation movement and why did it not tackle societal gender and paternal/maternal roles? We should be diligently working on reassessing society’s demands on dads. How can we get the ball rolling on that? Now? Please?

If we never expect fathers to be good fathers, they never will be. If we don’t demand fatherly figures to step up their game, we will continue raising children with less than adequate paternal examples who grow up to be less than adequate fathers themselves… in a downward spiral.

  1. People are very strange. As mentioned above, we apparently underappreciate good mothers and overvalue good fathers… But when Mother’s Day and Father’s Day come along, we tend to be way more festive on May 10th than on the third Sunday of June. Is that our guilt trip acting up on us? Do we know that we suck at valuing moms all year and hence try to overcompensate this in one measly day? I propose the following: let’s recognize good moms AND dads all year long and when deserved, equate Mother’s Day and Father’s Day celebrations. Meaning? If you suck at being a mom or a dad, you should not get a cool gift for it. And if you truly are a good mom or dad, congratulations and know that I applaud your efforts and admire you immensely. That is the best gift I know to give.

Sincerely,

A guy trying to be a good dad, but not always achieving it.