Sobre el Casino Royale… se vale llorar.

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Las siguientes son las primeras líneas de un artículo que publica el periódico EL NORTE el día de hoy.

Monterrey,  México (7 diciembre 2011).- El resultado del peritaje realizado por la autoridades federales y estatales en el Casino Royale provocó ayer decepción, incredulidad y, sobre todo, sospechas de corrupción, entre sobrevivientes y familiares de las víctimas.

Deudos de los fallecidos en el ataque al sitio de apuestas calificaron como una burla que la Procuraduría del Estado, junto con la PGR, haya resuelto que el negocio sí cumplía con las normas de protección civil y de seguridad.

Desde que se emitió la nota han surgido los reclamos de muchos que no pueden creer el hecho de que se declare que en un incendio en el que las víctimas no pudieron salir por el hecho de que no se contaba con suficientes salidas de emergencia o éstas estuvieran obstruidas, sí se cumplia con la normatividad existente. El artículo califica el hecho con “decepción, incredulidad y, sobre todo, sospechas de corrupción.”

No hago menos todos estos reclamos. A mi también me decepciona. No me la creo. Y me parece muy generoso que sólo se haya considerado una sospecha de corrupción a lo que es más que evidente. Sin embargo, me gustaría añadir algunos calificativos para describir como recibo esta noticia:

Desconcertado. No estoy desconcertado por el hecho de que tengamos servidores públicos que pongan primero intereses individuales que la responsabilidad de hacer bien su trabajo, de aspirar a la calidad, de ser responsables. Estoy desconcertado por el hecho de que la sociedad mexicana ha llegado a un nivel de deterioro en el que el respeto por la vida humana se ha vuelto polvo.

Los criminales despachan balas por doquier sin importarles si su destino es el cuerpo de un enemigo o el de un inocente que estaba en el lugar incorrecto en el momento fatal. Los servidores públicos descartan y deshonran a los inocentes que murieron en la tragedia por el hecho de que quienes eran responsables por monitorear acato a las reglas no hacian su trabajo y se suman a su negligencia al tapar los errores. NADIE se traga el que hayan muerto 52 (que además hay reportes del Universitario que indican que fueron muchos más) en un lugar en que había todas las salidas de emergencia disponibles. Son demasiadas las voces de sobrevivientes que nos dicen que había máquinas tapando las salidas, que otras estaban cerradas y hasta que una era una salida falsa que daba a un muro. Burlarse de este horrible hecho al decir “aquí no paso nada fuera de lo permitido” no es una omisión. Es una tácita declaración por parte de quienes estuvieron involucrados en el peritaje que le dicen al país “Nosotros somos gente sin dignidad humana. Somos basura sin sentido patriota, sin respeto por los demás, sin escúpulos ni valores. Somos escoria… Y nos pagan por ser así.”

Impotencia. No tengo otro recurso que el reclamo público. No tengo más poder que el de la palabra escrita para gritar que esto NO ESTÁ BIEN. Se supondría que como ciudadano tendría el poder del voto para determinar a quienes me gobiernan a nivel municipal, estatal y federal. Lo cierto es que conforme uno va creciendo, conociendo más, madurando, se topa con una triste realidad: elegir quien entre una terna de pelmazos me roba de manera sistemática, no tiene poder alguno. Sí, probablemente estas palabras tienen una carga emocional y pasado mañana que haya procesado

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