Ya basta de gallos en México, aquí no hay gallinas

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En las noticias leo una declaración del rector de la Universidad Madero (UMAD), Job César Romero, en la que señala como causa de las desapariciones de mujeres “las libertades que las chicas tienen.” Añade que la “autonomía para viajar en su carro o en otros medios” las vuelve presas y víctimas de crímenes como la violación y/o feminicidio.

Y aunque asombra la forma de pensar del rector, asombra más ver en la sección de comentarios de la nota cómo se detona un fuerte debate entre quienes coinciden con el punto de vista del Sr. Romero y quienes sabemos que cualquier intento de justificar actos viles de esta naturaleza y señalar a las víctimas como responsables, no sólo es insensible hacia ellas sino una franca muestra de genuina estupidez.

En MVS Radio, durante el programa “Dispara, Margot, dispara”, el locutor Sergio Zurita, sin pena ni preocupación por sus palabras, critica la forma de vestir de las mujeres cuando recogen a sus hijos en la escuela y les propina la siguiente recomendación: “Ganen mucho dinero y cómprenles muchos juguetes, pero lleguen a recogerlos decentes, o de menos súbanse los pants, para que no se les vean las teclas operadas.”

Tras la indignación de algunos grupos sociales y los balconeos en prensa, ambos Job César Romero y Sergio Zurita hacen comentarios para disculparse y “aclarar lo que quisieron decir”… y la vida continúa.

A las 9:00 pm del sábado pasado, escucho música a unas cuantas casas de la mía. Paso por el domicilio de donde proviene y me doy cuenta que se trata de lo que hoy en día llaman “una reu” de preadolescentes que aún no tienen edad para legalmente entrar en una discoteca (ahora les llaman antro pero es lo mismo). Entre las canciones del mainstream actual,  de repente escucho el coro “Estoy enamorado de cuatro babies / siempre me dan lo que quiero / Chingan cuando yo les digo / Ninguna me pone pero”. La canción continúa relatando de manera celebratoria la manera en que Maluma sostiene relaciones sexuales con distintas mujeres y no sabe que hacer ya que “todas maman bien”. Los preadolescentes bailan y ríen mientras incómodamente intentan sus primeros “ligues”. Las palabras de la canción no los inmutan.

Aclaro que el mal de la misoginia musical no es exclusivo del reggaetón. La música norteña tiene ejemplos como “Y ahora resulta”, del grupo Voz de Mando, en el que el cantante le reclama a una mujer que “te puse pechos, te puse nalgas y una cintura donde tú tenías llantas / te compré un carro que ni sabes manejar / ahora resulta muñequita ahora resulta / maldita puta, antes de mí tú no eras nada”.

En las bodas bailamos al ritmo de la Sonora Dinamita con su hit “Que Bello”, sin poner atención a una letra en la que una mujer pone de lado su orgullo y le ruega a un hombre diciendo “pero me arrepiento, en el piso o donde sea tómame.”

Cuando Dylan Klebold y Eric Harris perpetuaron la masacre de Columbine en 1999, algunos quisieron apuntar a que “ellos escuchaban a Marylin Manson” como lo que los llevó a matar a trece personas antes de suicidarse. Mi visión no es tan miope y no quiero decir que un par de canciones misóginas son la causa de la crisis de una cultura mexicana que ha interiorizado la cosificación sexual de la mujer, pero su popularidad tan natural sí es síntoma de una situación que amerita cambios drásticos.

En una carne asada cualquiera (sí, soy de Monterrey y las carnes asadas son obligatorias) con mi grupo de amigos que tienen hijos de edades similares a las de los míos, la plática muchas veces se torna a un recuento de vivencias y ocurrencias de nuestros pequeños. Las anécdotas suelen ser graciosas o el esperado pavoneo de papás orgullosos. En una reciente ocasión, uno de los papás mencionó que uno de sus hijos “tiene mucho pegue entre las niñas de la preprimaria” y cerró su comentario con el famoso dicho “cuiden a sus gallinas, que mi gallo anda suelto”. Todos y todas rieron. … y la vida continúa.

En Cholula, Mara Fernanda Castilla de 19 años sale a un bar un jueves por la noche. El resto de la trágica historia ya es conocido… Y lo peor del caso es que Mara Fernanda no es la primera ni será la última.  Pero los comentarios francamente decepcionantes vuelven a emanar… “¿Pues qué estaba haciendo una niña de 19 años en la calle a las 5 de la mañana y seguro borracha? / Ella se lo buscó / ¿Por qué se quedó dormida en un taxi?”, etc. La atención no se centra en el deplorable acto de un ser ruin sino en supuestos “errores” de una joven que optó por solicitar un servicio de transportación que consideraba seguro.

El domingo pasado varias queridas y valientes amigas salieron a marchar en distintas ciudades del país. Su canto de denuncia gritó “Ni una menos” y ellas se hermanaron con cualquier mujer ofreciendo su casa como refugio en caso de necesitarlo en cualquier momento. El mensaje era claro: las mujeres lamentan vivir en un país en que tienen que cuidarse de más.

A las mujeres de México, me encantaría decirles que esa solidaridad de género, ese grito de protesta, esa exigencia de justicia, son suficientes. Aplaudo el esfuerzo por protegerse, pero creo que hay que pegarle más directamente al problema de verdad. El problema de verdad NO ES que ustedes se estén exponiendo o arriesgando. El problema de verdad NO ES y no se resolverá acatando las recomendaciones de vestimenta que les da el Sr. Zurita. Ustedes no son el problema y deberían tener el derecho de salir de noche y de vestir sin temor a ser ultrajadas. Por favor, nunca lo olviden.

El problema de verdad es un cáncer sistémicamente interiorizado en nuestra sociedad. El problema de verdad son todos y cada uno de los estímulos que generamos o permitimos consciente e inconscientemente para normalizar o justificar las acciones de cualquier hombre que se siente con el derecho de violentar la integridad física y psicológica de cualquier mujer, sin considerarlo incorrecto y sin temer consecuencias.

El problema no está en criar a nuestras hijas a saber protegerse mejor. ¡Y vaya que debemos de hacerlo! El problema está en que evidentemente no estamos haciendo lo suficiente para criar a nuestros HIJOS para ser hombres de bien, hombres de verdad. Hombres que no se sienten más hombres si  “siempre les dan lo que ellos quieren” y tienen múltiples mujeres que “chingan cuando ellos les dicen”. Hombres que sepan que las mujeres son sus iguales, que sepan que “boys will be boys” es una pendejada, que entiendan que la cosificación de la mujer no los hace verse “más cool” o como “conquistadores” sino como patéticos cavernícolas. Hombres que cuando estén transportando a una mujer en su carro y ella se queda dormida, ni siquiera puedan considerar la idea de faltarle al respeto de ninguna manera, mucho menos privarla de su libertad, violarla y matarla “porque no me pude contener”. Hombres que sepan que no son animales y no pueden justificar sus acciones por “instinto”. Hombres que por misma integridad no quieran ser malos hombres pero que si lo fueran, tengan pavor a consecuencias que deberán de llegar y aplicarse de manera rigorosa.

Tenemos que cambiar. Tenemos que ser mejores.

Sí, mis hijas sabrán cuidarse y exigir respeto, pero a las mujeres de México y también a los hombres porque creo que este compromiso nos beneficia a TODOS como sociedad, les comparto esta promesa e invito a otros a asumirla:

Dedicaré todas mis capacidades como padre para que mi hijo no sea un “gallo” que acecha y que ello genera razón de orgullo en él, en mí o en sus amigos. Me comprometo a señalar todos y cada uno de los indicios que vea a mi alrededor que fomentan que los niños y los hombres se sientan “gallos”. ¡Ya basta!

Porque si algo que queda más que claro y admiro de ellas, es que ante todo y hoy más que nunca, las mujeres de México no son gallinas.

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La mejor manera de pasar un cumpleaños

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Hoy ha sido un día de grandes satisfacciones. Empecé el día al lado de mi bebé que me regalaba sonrisas al tiempo que se tomaba su biberón. Un poco después se nos unió mi esposa que me dio dos excelentes regalos… de esos que se nota que fueron pensados específicamente en ti. Durante el día he recibido una infinidad de muestras de cariño de familiares, compañeros y amigos que se tomaron el tiempo para mandarme un mensaje o llamarme. También tuve una mañana muy productiva en la oficina sacando pendientes importantes antes de cerrar el año. De verdad, un gran GRAN día.

Pero les quiero platicar muy brevemente de otra cosa que hice el día de hoy… y se los platico no con las intenciones de proyectarme magnánimo ni mucho menos. Si les comento de esta experiencia, es sólo porque obtuve de ella TANTO, que me parece egoísta no compartirla invitando a que ustedes consideren hacer algo similar en su cumpleaños. Por lo pronto, yo pretendo hacerlo una tradición en el mío.

Anoche reflexionaba acerca del hecho de que en este año he recibido mucho de muchas personas y del tiempo que he podido pasar alrededor de la gente que quiero y haciendo las cosas que me gustan. Ha sido un año sumamente gratificante en todos los sentidos. Guardar tanta gratitud en una sola persona es muy difícil así que anoche decidí que dedicaría una parte de mi cumpleaños a dar, aunque fuese un mínimo detalle y en poco tiempo.

Después de comer con compañeros de la oficina y de sacar algunos pendientes, fui a una pastelería y compré un montón de bolsas de pequeñas hojarascas. Un poco antes de las 3:30 de la tarde llegué al Hospital San José (lugar en donde varios familiares y amigos han sido atendidos) y me dirigí a la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos. Ahí, en distintos y pequeños grupos, había alrededor de 25 personas, en espera por obtener noticias de sus seres queridos que estaban siendo atendidos.

De manera respetuosa y tratando de ser lo menos intrusivo posible, fui visitando a cada una de estas personas, a quienes ofrecí las galletas como regalo y les di palabras de aliento, deseando la próxima recuperación de sus pacientes. Pasé tan sólo alrededor de una hora con ellos, pero quiero decirles que fue un momento INCREÍBLE. Todas las personas ahí me mostraron enorme gratitud por lo que no era más que un pequeño detalle… algunas estaban confundidas y me veían inicialmente de manera incrédula. Otras me preguntaban por mis familiares y me deseaban que ellos también mejoraran, sorprendiéndose aún más al aprender que afortunadamente ningún familiar mío estaba internado. Recibí bendiciones, palabras de agradecimiento y una señora mayor, con la que estuve platicando un rato más que con los demás, me felicitó y me dijo que hacía mucho que no veía una acción desinteresada de una persona a otra. Realmente me llegó al corazón y me hizo reflexionar BASTANTE sobre la necesidad que tenemos de rescatar el sentido cívico en nuestra comunidad. Me preguntó por qué lo hacía y al explicarle que era algo que había querido hacer para festejar mi cumpleaños, la señora (a pesar de lo que a su edad esto significaba en esfuerzo) se paró de su lugar y me regaló un abrazo.

Es evidente que nuestras acciones individuales no necesariamente resuelven los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad pero es muy fácil olvidar que la gente que nos rodea, a veces no necesita que les resolvamos esos problemas. A veces una sonrisa, un abrazo o un pequeño detalle son suficientes para volver a depositar la esperanza en aquellos que pueden haberla momentáneamente extraviado. A veces la gente sólo necesita una mirada empática… y eso, no cuesta nada.

Mis mejores deseos a todos ustedes. Que tengan un 2015 lleno de satisfacción, de grandes logros y de muchas razones para sentirse orgullosos y agradecidos. Que sea un año en que avancemos como sociedad y nos acerquemos de nuevo a lo que debería de ser una comunidad.

Con cariño y respeto,

Arjan

P.S. En este blog y a través de mis redes sociales el día de hoy compartí una serie de ligas a organizaciones cuyo trabajo considero valioso. Muchas gracias a quieres se sumaron al proyecto y las han apoyado el día de hoy. Si todavía no lo hacen, por favor consideren la información contenida aquí.

En un rincón de Chihuahua, el Rejón para corredores

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Los corredores tenemos la ventaja de ser aficionados de un deporte versátil y fácil de practicar. Lo único que se supone que necesitamos son unos tenis (y hay la corriente de los que corren descalzos y ni eso necesitan) y una superficie para desplazarnos. Corremos en la calle, en caminos, en playas, en veredas, en bosques, donde sea.

Habiendo dicho esto, cada corredor tiene y busca estímulos distintos al practicar este deporte. Hay quien necesita la música, otros el silencio. Hay quien obtiene del deporte gratificación al compartirlo, otros que lo usan como su tiempo de escape, para estar consigo mismos. Yo soy de estos últimos.

Correr es un momento de recompensa que me doy y me permito darme para conectar conmigo cuando tengo el espacio para hacerlo. Se vuelve en un momento de diálogo interno e introspección y por ende, lo valoro muchísimo. En un momento para entrar en sintonía, de procesar, limpiar y respirar. Siendo así, hay entornos que son más propicios y que prefiero para cuando salgo a correr.

Por mis horarios y el tiempo que puedo destinar a correr, normalmente corro en la calle (es lo más fácil e inmediato aunque definitivamente no el mejor lugar)… pero estar al pendiente de los carros, los cruces, los semáforos, las zanjas, boquetes, varillas y otros obstáculos y distractores, puede hacer retador llevar un verdadero diálogo interno y un desconecte. Cuando tengo oportunidad de hacerlo, prefiero correr en espacios como la playa o en veredas.

Después de dar este largo contexto introductorio para llegar a lo que realmente quiero platicar, les comparto que el día de ayer encontré un lugar increíble para correr… y que si ustedes son como yo y obtienen de correr lo que yo obtengo, esto debe interesarles… sobre todo si están en o van a Chihuahua.

Esta semana estuve en la ciudad de Chihuahua por tres noches. Me quedé en el City Express… pésimo hotel, pésimo error (de verdad, nunca vayan a esa pocilga de pésimo servicio llena de gente falta de actitud y demasiada cara para ser una cama incómoda y un baño de jabón chiquito y regadera tapada).

La primera mañana que estuve ahí traté de salir a correr cerca de mi hotel, por la calle y banquetas. Otro pésimo error. En Chihuahua (como en la gran mayoría del país) no hay cultura vial ni respeto al peatón. De verdad fue una experiencia que no disfruté. Ante ello, hice lo que debería de haber hecho antes (lección aprendida) y le pedí a mi amiga Fernanda que vive en Chihuahua, una recomendación de dónde ir a correr. El siguiente día, tuve una de las corridas que más he disfrutado desde hace casi 10 años que me inicié en este deporte… así que querida Fer, MIL GRACIAS por compartirme el dato de El Rejón, este espacio tan increíble en tu bella ciudad.

El Rejón es un parque recreativo y presa que es verdaderamente, una joya que ojalá pudieran tener más ciudades en México. Les comparto algunas de sus virtudes, que fueron razones para que tuviera una experiencia tan enriquecedora:

Visualmente es increíble. En los caminos de arcilla construidos para que los corredores, ciclistas y quienes simplemente quieren salir a caminar o pasear a sus mascotas, te llevan por paisajes de agua, manglar, monte e incluso espacios en que puedes disfrutar la urbe sin estar inserto en ella (porque la calidad de aire gracias a la vegetación del parque es muy buena). En distintos puntos del circuito hay esculturas e instalaciones artísticas, miradores, puentes por encima de agua y todo ello trae variedad a la experiencia de correr ahí. Yo soy de los que no aguanta correr en banda por la monotonía. Si en ese sentido eres como yo, tienes que ir al Rejón… es el completo opuesto. Fue tan increíble todo lo que vi, que tuve que captarlo con la cámara de mi celular que afortunadamente traía. Aquí comparto algunas de dichas imágenes.

Es seguro para los corredores. Mencioné brevemente los retos de correr en la calle. El circuito del Rejón está pensado de tal manera que NUNCA estás expuesto a nada que pudiera ser una amenaza. No cruzas una sola calle y las autoridades se han responsabilizado por el correcto mantenimiento del parque. No hay boquetes en las partes que tienen camino de concreto. La señalización es excelente. Hay vigilancia e incluso un circuito cerrado de cámaras. El cuidado del parque es arduo y con atención a detalle. Me tocó ver un equipo de trabajadores que se estaban asegurando que la poquita basura que había fuera removida y hasta había un jardinero deshierbando y cuidando las plantas. En el fanpage de Facebook del Rejón, aprendí que el año pasado incluso se llevó a cabo una exitosa campaña en conjunto entre autoridades y ciudadanos, para limpiar la presa. El slogan que se lee en distintos puntos del parque “Sumar es hacer comunidad”, es consistente con el espíritu que se respira en el parque y lo que seguramente hace que el lugar siga así de cuidado.

Todos en el mismo mindset. Cuando estás practicando un deporte en convivencia de otras personas que no lo entienden o no conocen (o no les importan) tus necesidades, las oportunidades de una interacción no ideal son grandes. Algunos ejemplos: Los intereses del automovilista al que estoy estorbando son polarmente distintos a los míos en el momento que voy invadiendo su carril. Cuando participo un domingo en una carrera a las 7 de la mañana, en un circuito en que cerraron vialidades y probablemente instalaron sistema de sonido para dar indicaciones, invado los intereses del dueño de la casa que preferiría estar durmiendo que escuchar a una entrenadora invitando a corredores a calentar. Incluso en un gimnasio, cuando estoy usando la banda para correr es probable que otro esté esperando para usarla y nuestros intereses entren en conflicto. En el Rejón, TODAS las personas que están ahí, tienen puntos comunes de interés, conocen las reglas del juego, se respetan y se dan espacio porque además, hay espacio para todos. Vi pasar en mi camino a deportistas ciclistas, personas de todas las edades haciendo distintas rutinas y tipos de ejercicio, familias con niños en bicis, personas paseando a sus perros, etc. Todos en un mindset de respeto, guardando espacios correctos e incluso con una bienvenida cordialidad que me sorprendió. Puede sonar desagradable, pero tal vez la mejor manera de comunicar este nivel de convivencia y respeto por los demás, es mencionar que es el primer espacio en que veo que pasean perros y no tuve que esquivar una sola caca en mi camino. Los dueños de los perros se aseguraban de cuidar el espacio y además habían varias estaciones con bolsas y basureros para promover a que los amos fueran responsables.

Y el espacio es tan benévolo (y probablemente también sea un tema de cultura de Chihuahua) que invita a que todo mundo te salude o te de los buenos días. Incluso me tocaron un par de deportistas que en su paso me dieron palabras de aliento al ver que bajaba el paso. Como mínimo, las personas a las que me topé me regalaron una sonrisa. Inspira y motiva integrarse a esta dinámica al tiempo de estar haciendo el ejercicio que te gusta.

Dadas estas circunstancias y también porque me tocó un clima idóneo, creo no equivocarme al reiterar que ha sido de mis corridas favoritas. Estoy seguro que cuando vuelva a Chihuahua, la visita al Rejón será parada obligada. Los chihuahuenses tienen suerte de contar con un espacio como este. Si erres corredor(a), no conoces El Rejón y estás en Chihuahua te invito a que vayas y espero tengas una experiencia como la mía.

A seguirle, que todavía hay muchos kilómetros por recorrer.